Corroídas: teatro físico y suspensiones que duelen por cercanía
La compañía Tinku estrena este domingo 13 una obra que mezcla actuación, danza, acrobacia y shibari para explorar los cuerpos en caída y las paradojas de los vínculos. Conversamos con Camila Ordóñez y Rocío Torres sobre la dramaturgia física y el cruce de lenguajes.
Este domingo 13 se presenta Corroídas, la nueva creación de la compañía Tinku que combina teatro físico, suspensión capilar y una profunda indagación sobre los vínculos. La obra pone en escena cuerpos que intentan encontrar equilibrio mientras caen, revelando cómo la cercanía puede resultar más dolorosa que la distancia.
Camila Ordóñez y Rocío Torres, integrantes del elenco y responsables de la dramaturgia física, explican que el proyecto surgió de la necesidad de explorar lo paradójico del contacto humano. “Hay algo en la cercanía que, en lugar de sostener, corroe”, señalan, y ese concepto atraviesa tanto la temática como la forma escénica.
La puesta en escena conjuga lenguajes diversos: la actuación, la danza contemporánea, las acrobacias y el shibari. Esta última disciplina, que implica suspensiones con cuerdas, se integra aquí no como un mero recurso visual sino como un lenguaje narrativo que potencia la idea de cuerpos suspendidos, literalmente y simbólicamente, entre el sostén y la caída.
El movimiento se convierte en el territorio donde estos cruces ocurren de manera orgánica. Lejos de sumar elementos por acumulación, la obra busca que cada lenguaje dialogue con los demás, creando una dramaturgia física que no explica sino que muestra las tensiones de lo vincular. Los cuerpos, en su búsqueda de equilibrio inestable, hablan de relaciones que atan y liberan al mismo tiempo.
En un circuito under que valora la experimentación, Tinku se destaca por su compromiso con una escena que se construye en el aquí y ahora, sin red. La suspensión capilar exige precisión y confianza absoluta entre las intérpretes, un paralelismo directo con los temas que aborda la pieza: la vulnerabilidad, el peso del otro y los límites del cuidado.
Corroídas invita al público a una experiencia sensorial donde lo visual y lo kinestésico se funden. No se trata de una narrativa lineal sino de una sucesión de imágenes y acciones físicas que van revelando capas de lo que significa sostener y ser sostenido, hasta que la cercanía misma se vuelve corrosiva.
La obra se inscribe en la tradición del teatro físico porteño que, desde las salas de Almagro y Villa Crespo, sigue expandiendo los límites de lo posible en escena. Con esta propuesta, Tinku no solo presenta una nueva pieza sino que afirma su lugar en el cruce entre danza, circo contemporáneo y actuación.