Notas

Diego Urcola: “En las baladas no hay manera de mentir”

El trompetista argentino radicado en Nueva York lanzó Adagio, su primer disco íntegramente de baladas junto al pianista Edward Simon. Un registro íntimo y personal que reinventa clásicos de Carla Bley, Astor Piazzolla, Chucho Valdés y Chico Novarro.

Publicado el

Trompeta apoyada sobre una silla junto a un atril
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El trompetista Diego Urcola acaba de editar Adagio, un álbum de baladas grabado en abril de este año junto al pianista venezolano Edward Simon en los estudios de Luis Bacque, en Nueva Jersey. El disco, que ya está disponible en las plataformas de streaming, marca su regreso discográfico seis años después de El Duelo junto a Paquito D’Rivera.

Urcola, que reside en Nueva York desde hace tres décadas, cumplió 60 años meses atrás y se dio el gusto de concretar un proyecto largamente postergado: un registro centrado en baladas. La idea surgió de su admiración por discos históricos de John Coltrane, Miles Davis y Chet Baker, pero también de la posibilidad de reencontrarse musicalmente con Simon, un viejo compañero de ruta desde los años 90.

“La simpleza es lo más difícil. Pero si algo me han enseñado los años es a no temerle a lo simple”, confiesa el trompetista. Y agrega que en las baladas “no hay manera de mentir”: la desnudez del formato obliga a una honestidad que no admite imposturas.

El repertorio de Adagio es una selección muy personal. Incluye composiciones de Carla Bley, Astor Piazzolla, Chucho Valdés y Chico Novarro, entre otros. Solo un tema es original de Urcola: Falta Claudio, compuesto en 2020 con el apoyo del Jazz Commission Fund en memoria del trompetista Claudio Roditi, fallecido ese mismo año.

La química con Edward Simon es uno de los pilares del disco. Se conocieron a principios de los 90, grabaron juntos Libertango (el primer registro de Urcola en Nueva York) y luego compartieron años de trabajo con Paquito D’Rivera. “Es un músico muy especial, con un estilo muy personal. Es como un compositor y arreglador instantáneo. Le das algo y enseguida improvisa un mood, un clima”, cuenta Urcola.

La grabación se armó casi de casualidad. Tras un concierto de Paquito en el San Francisco Jazz, Simon se acercó y Urcola le propuso el proyecto. Meses después, el pianista tenía unos días libres en Nueva York por presentaciones en el Birdland. Reservaron el estudio de Bacque y en una jornada registraron lo que luego se convirtió en Adagio.

Urcola no es un artista que publique discos con frecuencia. Prefiere esperar a que surja una idea que realmente lo motive. “No tengo esa presión. Solo lo hago cuando se me ocurre una buena idea y me dan ganas de dejar registro de eso”, explica. En ese sentido, Adagio aparece como un disco maduro, pensado y sentido, sin concesiones al mercado ni a las modas.

El álbum invita a una escucha atenta y cercana, lejos del virtuosismo exhibicionista que a veces domina el jazz actual. En su lugar, prioriza el fraseo cantado, los silencios y la complicidad entre trompeta y piano. Un regreso que celebra la madurez y la belleza de lo esencial.

← Volver al blog